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Salud al Día

Rehabilitación cardíaca en el hogar

  • En primer lugar, los pacientes que presentan una enfermedad cardiopatía deben ser extremos en la vigilancia de los factores de riesgo, y que su corazón es más vulnerable que el de una persona sana. Un factor de riesgo es todo lo que se tiene. Lo que ve es más probable que la persona sufra una enfermedad del corazón. Más adelante, los beneficios de la rehabilitación cardíaca (CR) son los siguientes: 80% de los pacientes elegibles en los estados unidos UU. No participa en la rehabilitación cardíaca en el centro.

  • Los factores de riesgo más importantes son el colesterol alto, la hipertensión arterial y la diabetes.

    La diabetes mellitus es una enfermedad que se produce cuando el paciente no se fabrica suficiente insulina o cuando no tiene un buen desempeño en el organismo porque las células no responden a su estímulo. Los pacientes cardiovasculares que padecen este trastorno presentan mayor riesgo de agravar su estado de salud.

    El diagnóstico de la diabetes en los pacientes con enfermedad cardiovascular es importante para reducir las complicaciones y disminuir la mortalidad.

    Es imprescindible controlar la glucemia y mantener a raya los demás factores de riesgo cardiovascular, especialmente la hipertensión, el y el tabaquismo. 

    La hipercolesterolemia se puede prevenir siguiendo algunas recomendaciones:

    • Alimentación equilibrada y sin grasas saturadas. La dieta mediterránea es idónea porque su aporte de grasas se basa fundamentalmente en los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados presentes en el pescado y los aceites de oliva y de semillas. También es importante el consumo de vegetales, legumbres, cereales, hortalizas y frutas.

    • Programa de ejercicio aeróbico. (caminar, carrera suave, ciclismo, natación…), una intensidad moderada (65-70 por ciento de frecuencia cardiaca máxima) y el desarrollo de la manera regular (tres a cinco sesiones por semana), aumenta el HDL (colesterol bueno) y reducir el LDL (colesterol malo) y los niveles de triglicéridos.

    Una vez diagnosticada la dislipemia, y si la dieta y el ejercicio físico no logran reducir los niveles, el médico optará por un tratamiento con medicamentos.

    Los cardiópatas con problemas de colesterol o triglicéridos altos deben mantener un seguimiento metabólico y controlar posibles alteraciones en el perfil lipídico. Además, en los casos de dislipemia se realiza un estudio de los familiares cercanos para analizar su estado y evitar que en el futuro presenten un episodio cardiovascular agudo.

    Es imprescindible mantener los niveles de presión arterial bien controlados para evitar la sobrecarga de trabajo del miocardio ya dañado por el infarto. Las cifras de tensión arterial de los pacientes infartados deben ser más bajas que en la población sana. Así, como norma general, en prevención secundaria se persigue que los niveles máximos de presión arterial sistólica nunca sean inferiores a 130 mmHg de sistólica (alta) y 80 mmHg (diastólica (baja).

    Para ello, en un porcentaje importante de casos habrá que recurrir al tratamiento farmacológico, además de insistir en el cumplimiento de las medidas dietéticas (como la reducción de peso y la restricción de sal) y de estilo de vida (práctica regular de ejercicio físico). Para rebajar las cifras de tensión arterial es fundamental seguir un estilo de vida cardiosaludable.

  • Para reducir potencialmente esta brecha, la CR basada en el hogar (HBCR) puede ser una alternativa beneficiosa para pacientes seleccionados.

  • Esta declaración identifica los componentes básicos, la eficacia, las fortalezas, las limitaciones, las brechas de evidencia y la investigación necesaria para orientar la entrega futura y el posible reembolso de HBCR.

  • Los beneficios del ejercicio físico están totalmente demostrados en pacientes cardiovasculares, constituyendo uno de los componentes terapéuticos principales de los programas de rehabilitación cardiaca. El tipo de ejercicio, su intensidad, duración, frecuencia y control son las variables que tenemos que definir a la hora de planificar un programa de entrenamiento.

    En las personas con enfermedades cardiovasculares siempre se ha recomendado realizar fundamentalmente entrenamiento aeróbico (caminar, correr, nadar o montar en bicicleta). Sin embargo, en los últimos tiempos se ha demostrado que la introducción de ejercicios de tipo isodinámico (con pesos leves y muchos movimientos) puede ser beneficiosa para aumentar la fuerza y potencia muscular. En personas de muy baja forma física, estos ejercicios mejoran su capacidad para realizar tareas cotidianas.

  • Antes de iniciar la práctica de ejercicio físico, los cardiópatas deben someterse a una valoración previa que incluirá la realización de una prueba de esfuerzo o ergometría. De esta manera, el especialista podrá prescribir el ejercicio de forma segura y efectiva. En los programas de rehabilitación cardiaca se realiza inicialmente una estratificación del riesgo para decidir el grado preciso de supervisión cardiológica, así como los cuidados del resto de personal sanitario que interviene en el entrenamiento.

    Según esta valoración, se establece también el tiempo de vigilancia mediante sistemas de telemetría en los que se controla el ritmo cardiaco del paciente durante las sesiones de ejercicio. Además, diariamente se mide la presión arterial y la frecuencia cardiaca en reposo, comentando con el paciente su situación física y la presencia de posibles síntomas.

    Lo más sencillo es empezar caminando. Debe iniciarse con un ejercicio poco intenso e ir progresando lentamente. La periodicidad ideal de las sesiones es entrenar la mayoría de días de la semana (cuatro como mínimo). La duración empezará siendo corta, por ejemplo 20 minutos, e ir aumentando hasta 45-60 minutos. También podemos realizar dos sesiones al día pero de periodos más cortos, (por ejemplo, 30 minutos).

    Por supuesto, también puede realizar otros tipos de ejercicio (nadar, bicicleta…) o combinar varias actividades. Si practicaba algún deporte concreto, pregunte a su especialista si puede reanudarlo y a qué intensidad.

    Cuando lleve cierto tiempo entrenando de forma habitual, puede añadir algún ejercicio en el que movilice pequeños pesos (1-2 kilos). Consulte siempre con su especialista esta posibilidad.

    Si durante el entrenamiento presenta dolor de tipo anginoso, detenga la actividad inmediatamente y siéntese a descansar. Si no desaparece, utilize nitratos sublinguales. Cualquier otra sintomatología (palpitaciones, fatiga excesiva, etc.) también debe ser comentada.

    El entrenamiento debe mantenerse en el tiempo si queremos obtener beneficios. Si lo suspendemos, en poco tiempo perderemos la forma física y los efectos positivos que hayamos adquirido.

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