El Cohousing vivienda colectiva exclusiva para Adultos mayores

En Argentina, dado que aún no existe una ley específica que regule el “cohousing” o las viviendas colaborativas como una figura jurídica propia, los proyectos deben adaptarse a las leyes vigentes.
​El gran desafío es encontrar un marco legal que proteja tanto la inversión económica (los “ladrillos”) como el espíritu de la comunidad (la convivencia, la no especulación y la ayuda mutua).
​Aquí tienes las tres opciones legales principales que se están utilizando o debatiendo para este tipo de proyectos en el país:
​1. Cooperativa de Vivienda (Modelo de Cesión de Uso)
​Es el modelo más fiel a la filosofía original del cohousing a nivel mundial y el que más empujan las asociaciones del sector en Argentina.
​¿Cómo funciona? La propiedad del terreno y del edificio es de la cooperativa en su conjunto. Los residentes no compran una casa, sino que pagan una cuota de ingreso (capital social) y obtienen un derecho de uso vitalicio sobre su vivienda privada y los espacios comunes.
​Ventajas:
​Garantiza que el proyecto no se convierta en un negocio inmobiliario tradicional.
​Fomenta la igualdad: las decisiones se toman democráticamente (un socio = un voto) en asamblea.
​Si alguien decide irse, la cooperativa le devuelve su capital y el nuevo integrante ingresa bajo las mismas reglas, evitando la especulación con los precios.
​Desventajas: La burocracia para conformar y mantener una cooperativa ante el INAES (Instituto Nacional de Asociatividad y Economía Social) puede ser lenta y tediosa. Además, es difícil acceder a créditos hipotecarios tradicionales bajo esta figura.
​2. Fideicomiso Inmobiliario al Costo (Transición a PH)
​Es la herramienta legal y financiera más utilizada en Argentina para construir edificios desde cero entre varias personas.
​¿Cómo funciona? El grupo “semilla” aporta los fondos a un fideicomiso para comprar el terreno y construir. Es una figura temporal. Una vez que se termina la obra, el fideicomiso se disuelve y el complejo se inscribe como Propiedad Horizontal (PH).
​Ventajas: Es un modelo muy seguro, conocido por los bancos, escribanos y desarrolladores en Santa Fe. Protege el patrimonio de los aportantes durante la etapa de construcción.
​Desventajas: Al finalizar la obra y pasar a ser un PH tradicional (donde cada uno es dueño de su unidad), se corre el riesgo de que el espíritu del cohousing se diluya si un propietario decide alquilar o vender su casa a alguien que no le interesa la vida en comunidad.
​3. Propiedad Horizontal (PH) con Reglamento de Copropiedad Adaptado
​Esta es la salida más pragmática si se opta por construir mediante un fideicomiso o si se compra un complejo ya hecho.
​¿Cómo funciona? Cada persona es dueña legal de su casa y de un porcentaje de los espacios comunes (como en cualquier edificio o barrio cerrado). La clave está en el Reglamento de Copropiedad.
​Ventajas: Cada persona tiene su escritura (lo que facilita herencias o posibles créditos).
​Desventajas: Requiere redactar un reglamento sumamente estricto y blindado (junto a un escribano) que establezca reglas claras sobre la participación en los espacios comunes, los comités de trabajo y, sobre todo, el derecho de admisión o preferencia si alguien quiere vender su unidad, para asegurar que los nuevos vecinos compartan los valores del cohousing.
​La solución híbrida (La más recomendada)
​Muchos proyectos exitosos terminan combinando figuras. Por ejemplo:
​Usan un Fideicomiso para juntar la plata y construir.
​Pasan a Propiedad Horizontal (PH) para que cada uno tenga su escritura.
​Crean en paralelo una Asociación Civil sin fines de lucro a la que todos los propietarios están obligados a pertenecer. Esta asociación es la que gestiona la vida comunitaria, los talleres, la huerta y los fondos de ayuda mutua.
​Para avanzar con seguridad en la provincia de Santa Fe, lo ideal es que el grupo inicial se asesore con un escribano público o un abogado especialista en derecho inmobiliario y societario que pueda traducir los deseos de convivencia del grupo a un contrato sólido y legal.

La dificultad de acceder a una vivienda sumado a la búsqueda de descarbonizar la construcción llevó a que distintos grupos de personas se unan para vivir en comunidad dentro de complejos compartidos. En Argentina, el gobierno nacional impulsa esta medida para adultos mayores que no quieren ir a geriátricos.

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