El artículo de Clarín aborda un debate de gran relevancia en el ámbito de la psicología y la neurodiversidad a partir de las recientes declaraciones de Uta Frith, una de las figuras más influyentes en la investigación histórica del autismo. en el ámbito de la historia de la ciencia y la psicología del desarrollo, #Uta Frith es considerada una de las máximas referencias mundiales en el estudio del autismo, por lo que se le suele reconocer como una de las principales “madres” o autoridades científicas de la materia.

A lo largo de su carrera, su rol fue fundamental por varias razones:
- Pionera en la validación científica: Fue una de las primeras investigadoras en demostrar que el autismo tiene una base biológica y cognitiva, alejándolo de teorías erróneas del pasado (como la desacreditada idea de que era causado por la crianza).
- Conceptos clave: Ayudó a definir marcos teóricos centrales para comprender cómo procesan el mundo las personas autistas, destacándose en las investigaciones sobre la “teoría de la mente” y la “coherencia central débil”.
- Construcción del campo moderno: Su trabajo en el Institute of Cognitive Neuroscience del University College London (UCL) y su membresía en la Royal Society consolidaron las bases sobre las cuales se estructuró el diagnóstico clínico durante décadas.
Sin embargo, debido a este mismo peso histórico, resulta paradójico y genera tanto revuelo que sea ella misma quien hoy cuestione los rumbos que tomó el concepto de espectro autista, abriendo un debate profundo entre sus colegas y la comunidad neurodivergente.
Puntos clave que merecen ser debatidos:
- ¿Quién es #Uta Frith? Nacida en Alemania en 1941 y profesora emérita del University College London (UCL), Frith fue una pionera clave en el estudio científico del neurodesarrollo. En las décadas de 1970 y 1980 ayudó a establecer bases fundamentales, como las explicaciones cognitivas del autismo (incluyendo la investigación sobre la “teoría de la mente” y la “coherencia central débil”), además de consolidar su origen biológico frente a viejas teorías erróneas basadas en la crianza.
- El núcleo de la crítica: A sus 84 años, Frith advierte que el concepto de “espectro autista” se ha expandido tanto que podría haber perdido utilidad y precisión clínica. Sostiene que al englobar perfiles radicalmente distintos bajo una misma categoría, la etiqueta se ha diluido.
- Diagnósticos tardíos y el “colapso” de la categoría: La investigadora diferencia entre los diagnósticos tempranos en la infancia —que suelen implicar mayores necesidades de apoyo estructurado— y el fuerte aumento actual de diagnósticos en adolescentes y adultos (muchos de ellos impulsados por el autodiagnóstico y la visibilidad en redes sociales). Para este segundo grupo con perfiles más leves, sugiere que la categoría actual podría no ser la adecuada.
- Repercusiones en la comunidad: Las declaraciones han generado opiniones encontradas. Por un lado, sectores de la comunidad científica ven con buenos ojos la búsqueda de mayor rigor clínico. Por otro lado, diversos colectivos de personas autistas han cuestionado sus dichos, argumentando que invalidan experiencias personales y la importancia identitaria que el diagnóstico tiene para quienes lo obtienen en la adultez.
Las declaraciones en la prensa mundial de #Uta Frith generaron un intenso debate y división dentro de la comunidad científica, médica y de los propios colectivos de personas autistas. Los especialistas y profesionales de la salud mental abordan el tema desde posturas diversas:
1. Los sectores que ven validez en sus advertencias
- Búsqueda de rigor clínico y precisión: Algunos clínicos e investigadores consideran que la crítica de Frith pone sobre la mesa un problema real: el desborde y la imprecisión en los criterios diagnósticos actuales. Sostienen que al volverse tan amplio, el concepto del “espectro” corre el riesgo de perder utilidad clínica y de saturar los recursos de salud destinados a quienes presentan necesidades de apoyo mucho más severas.
- Preocupación por el sobrediagnóstico y la subjetividad: Varios especialistas coinciden con su inquietud acerca del acelerado aumento de los diagnósticos en adolescentes y adultos impulsados por tendencias culturales o autoevaluaciones en redes sociales. Desde esta perspectiva, se argumenta que a veces se tiende a patologizar variaciones normales de la personalidad o dificultades propias de la ansiedad, alejándose de los diagnósticos basados en criterios objetivos de observación clínica.
2. Los sectores críticos con su postura
- Riesgo de invalidación e injusticia epistémica: Psicólogos, terapeutas y referentes de la comunidad neurodivergente han cuestionado con dureza sus dichos, señalando que desestiman la vivencia interna de miles de personas. Argumentan que negar conceptos como el enmascaramiento (la capacidad de ocultar rasgos para adaptarse socialmente) o calificar de “moda” el uso de herramientas de regulación sensorial ignora una década de investigaciones revisadas por pares y afecta la salud mental de quienes sufren un profundo agotamiento (burnout) invisible.
- Defensa del modelo de espectro y la diversidad: Numerosos profesionales y académicos defienden la vigencia del espectro introducido originalmente por figuras como Lorna Wing. Sostienen que el autismo no se manifiesta de una sola manera y que un diagnóstico tardío (especialmente en mujeres y adultos) es fundamental para explicar las dificultades acumuladas a lo largo de la vida, acceder a redes de apoyo adecuadas y construir una identidad validada.
- mientras que una parte de la comunidad médica ve en su advertencia una oportunidad necesaria para revaluar los límites diagnósticos y asegurar la especificidad científica, una gran mayoría de especialistas y activistas considera que su postura es reduccionista, desactualizada frente a los avances en la comprensión de la diversidad neurocognitiva, y potencialmente perjudicial para los derechos y el bienestar de los pacientes.













































































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