El cerebro es un órgano altamente dependiente de la energía. A pesar de representar solo el 2% del peso corporal, consume aproximadamente el 20% de la energía del cuerpo. Sin embargo, con el envejecimiento, su capacidad para procesar glucosa de manera eficiente disminuye. Este estudio señala que la resistencia a la insulina neuronal, un fenómeno en el que las neuronas se vuelven menos eficientes en la absorción de glucosa, desempeña un papel clave en el deterioro cognitivo.
Investigadores de la Universidad de Stony Brook, analizaron los datos de más de 19,300 personas y descubrieron que el inicio clínico de la vejez no es lineal, más bien tiene forma de S. El efecto se observa por primera vez alrededor de los 44 años, y la degeneración alcanza su aceleración máxima alrededor de los 67 años y se estabiliza a los 90 años .
Esto puede ser útil para encontrar formas de promover una mejor salud cerebral, todo se reduce a cómo cambia la forma en que el cerebro obtiene su energía con los años y cómo ciertos cambios en la alimentación podrían ayudar a mantenerlo en buen estado. “Comprender exactamente cuándo y cómo se acelera el envejecimiento cerebral nos da puntos de tiempo estratégicos para la intervención”, explicó Lilianne R. Mujica-Parodi, autora principal del estudio y profesora de ingeniería biomédica en Stony Brook en un comunicado.
El estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) señala que las neuronas en adultos de mediana edad experimentan un estrés metabólico considerable debido a la disminución del acceso a la glucosa, su principal fuente de energía, lo que las deja en una situación vulnerable pero aún reversible. Los investigadores utilizaron imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI) y pruebas cognitivas para evaluar la función cerebral en un amplio rango de edades. Los resultados indicaron que, mientras que en la juventud el cerebro mantiene una capacidad óptima para metabolizar la glucosa, en la mediana edad, esta capacidad empieza a decaer, lo que genera un déficit energético que impacta directamente en la función neuronal.
A raíz de estos hallazgos, los investigadores probaron una intervención basada en la administración de cetonas, compuestos que pueden servir como fuente de energía alternativa al reducir la dependencia del cerebro de la glucosa. En un experimento con 101 participantes, se evaluó el efecto del consumo de suplementos de cetonas en la función cerebral.













































































