Casarse para Proteger Derechos

Esta premisa sintetiza una tendencia social y jurídica en Argentina. Lejos del romanticismo idílico de la juventud, el matrimonio en la vejez se consolidó como un acto de autonomía, realismo y resguardo mutuo.

Frente a un marco legal que muchas veces desprotege a las parejas de hecho, los adultos mayores eligen cada vez más pasar por el Registro Civil para blindar el futuro de quien los acompaña.

El vacío legal de “estar en pareja” frente al matrimonio

En Argentina, el Código Civil y Comercial rige tanto el Matrimonio como las Uniones Convivenciales (el histórico concubinato). Sin embargo, existe una enorme brecha legal entre ambos formatos, y esa diferencia es la que empuja a miles de adultos mayores a casarse.

Muchos asumen erróneamente que “acumular años de convivencia” equivale a estar casados, pero la ley argentina marca distinciones críticas:

1. El derecho a heredar (La diferencia crucial)

  • En el Matrimonio: Los cónyuges son herederos forzosos. Si uno fallece, el otro hereda de forma automática los bienes propios y retiene su parte de los gananciales.
  • En la Unión Convivencial: Los convivientes NO se heredan entre sí. Si un miembro de la pareja fallece tras 30 años de convivencia, sus bienes pasan directamente a sus hijos, hermanos o padres. El conviviente supérstite (el que sobrevive) puede quedar completamente desamparado si la familia del fallecido decide reclamar la propiedad. Gobierno de Mendoza

2. El techo donde se vive: Derecho Real de Habitación

  • En el Matrimonio: Si uno de los esposos muere, el sobreviviente tiene el derecho vitalicio y gratuito de seguir viviendo en el hogar conyugal, sin importar si los hijos del fallecido quieren venderlo.
  • En la Unión Convivencial: La ley solo otorga un derecho de habitación por un plazo máximo de 2 años. Cumplido ese tiempo, el sobreviviente puede ser desalojado por los herederos legítimos. Facebook

3. Cobertura de Salud y Pensiones

Si bien la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES) y la mayoría de las obras sociales (como PAMI) reconocen la pensión por viudez y la afiliación a convivientes, el trámite probatorio es burocrático y complejo (exige acreditar dos o cinco años de convivencia ininterrumpida mediante facturas compartidas, testigos y documentos). El acta de matrimonio, en cambio, destraba estos derechos de forma inmediata y sin espacio a impugnaciones.

Radiografía de los adultos mayores que eligen dar el “Sí”

Los motivos que impulsan este fenómeno combinan pragmatismo con la necesidad de validación social. Los especialistas en derecho de la vejez identifican tres perfiles principales:

  • Compañeros de toda la vida: Parejas que convivieron décadas de manera informal pero que, al ingresar a la tercera edad y enfrentarse a los primeros problemas de salud, deciden casarse para “dejar los papeles en orden” y evitarle dolores de cabeza a su pareja.
  • Nuevos amores en la madurez: Personas viudas o divorciadas que encuentran una nueva pareja a los 70 u 80 años. Lejos de esconderse, eligen celebrar su unión civil como un acto de reafirmación vital.
  • Casamientos por separación de bienes: Gracias a las reformas del Código Civil, hoy las parejas pueden optar por el “Régimen de Separación de Bienes” antes de casarse. Esto permite que los adultos mayores protejan la herencia de sus respectivos hijos (lo que aleja tensiones y sospechas familiares) mientras se garantizan mutuamente el derecho a pensión, obra social y cuidado médico mutuo. Instagram

El Enfoque de la Convención Internacional: Argentina otorgó rango constitucional a la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Esta norma consagra el derecho a la autonomía, a la privacidad y a decidir con quién vivir. Casarse en la vejez no es un trámite administrativo; es el ejercicio de la libertad individual frente a las presiones familiares y los prejuicios de la sociedad.

En definitiva, en la Argentina actual, el matrimonio en la adultez mayor se despojó de mandatos religiosos o reproductivos para convertirse en una herramienta de resistencia jurídica y afectiva. Casarse es, para ellos, la forma más efectiva de asegurarse de que el Estado y las familias respeten la última voluntad de proteger a quien eligieron para compartir el tramo final del camino.


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