El examen de columna vertebral evalúa el estado musculoesquelético y neurológico a través de la inspección, palpación, evaluación de rangos de movimiento (flexión, extensión, inclinación) y pruebas neurológicas o funcionales. Su objetivo principal es detectar hernias, contracturas, deformidades (como escoliosis) o compresión de nervios.
Componentes de la exploración física
- Inspección: Evaluación visual del paciente de pie (bipedestación) para detectar asimetrías, desalineaciones, o curvas anormales en el plano coronal y sagital.
- Palpación: Revisión manual de las apófisis espinales y la musculatura paravertebral para identificar puntos dolorosos, contracturas o inflamación.
- Rangos de movimiento: Pruebas funcionales de flexión, extensión e inclinación lateral. En la región lumbar, por ejemplo, se mide la movilidad con la prueba de Schober o la distancia dedos-suelo.
Pruebas de imagen y diagnósticas
Cuando la exploración física sugiere una patología, se complementa con estudios de imagen:
- Radiografías (Rayos X): Ideales como primera línea para evaluar el alineamiento vertebral, fracturas, espondilolistesis, desgaste articular (artrosis) o escoliosis.
- Resonancia Magnética (RM): Es el estándar de oro para obtener imágenes detalladas de los tejidos blandos. Permite visualizar con precisión hernias discales, compresión de la médula espinal y los nervios.
- Tomografía Computarizada (TC): Ofrece una evaluación rápida y altamente precisa de la estructura ósea y se usa frecuentemente cuando se sospechan fracturas complejas












































































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