Neurociencia y Salud Mental

Dan Ariely, un neurocientífico con infinidad de experimentos, muestra cómo uno termina comprando lo que le quieren vender. Desde las opciones en una vidriera hasta los valores distintos en una suscripción: eso se llama anclaje. Es un sesgo cerebral. También lo estudió Kahneman, premio Nobel de Economía.

Los sesgos nos van guiando hacia lo que el sistema nos quiere inducir. Entonces mezclás todo: el autoengaño y el a mí no me va a pasar. Somos activamente irracionales y tomamos decisiones sin lógica, guiados por esos sesgos.

La clave es concientizar, no se trata de dejar la vida en el trabajo, sino de encontrar los 15 minutos para hacer ejercicio, los 10 minutos para meditar, y organizar el sueño. Si tenés que mandar un mail a medianoche a China y levantarte a las cinco, no dormís siete horas. Tenés que buscar compensarlo. Una siesta de 45 minutos vale. Pero hay que pasar por todas las fases del sueño. Por ejemplo, hay escritorios que permiten trabajar de pie, relojes inteligentes que te dicen que te muevas, podés hacer sentadillas contra la pared, todo suma. Comer sano tampoco es imposible, podés armar un tupper desde tu casa. Lo importante es tenerlo en mente.

Hay que tener en cuenta algo: hoy dos de cada tres personas pasan los últimos 10 años de su vida con mala salud. Lo que queremos es llegar a los 85 años como Ringo Starr, saltando en un escenario. Eso es posible, pero depende de nosotros. Hoy, gracias a la tecnología, podemos medir el funcionamiento del cerebro. Aparece la resonancia magnética funcional y otros estudios que muestran cómo está activado el cerebro. Por ejemplo, se puede detectar cuando alguien miente o ver cómo se activa una pequeña zona del cerebro, por ejemplo, cuando Roger Federer pega un drive. Mientras que si ese mismo golpe trato de pegarlo yo, todo mi cerebro va a estar “incendiado” tratando de lograr ese impacto.

Se han hecho estudios donde se encierra a una persona en una casa decorada como si estuviera 30 años atrás. Desde luego, la persona sabe que no es así, pero al evaluar sus capacidades cognitivas antes y después de pasar una semana en ese ambiente, el individuo rejuvenece.

Lo mismo con estudiantes: a algunos se les habla de temas de juventud y a otros de geriátricos, dentaduras, cirugías y demás. Luego miden la velocidad que presentan al caminar: los que escucharon temas “viejos” caminan más lento. Todo eso es neurociencia: explica por qué actuamos como actuamos. Hay estudios que muestran que prohibir el celular en colegios mejoró la sociabilidad y la capacidad física. Pero si usamos esa tecnología para cosas creativas, puede ser muy positivo. En medicina, lo que tiene la IA es que no reemplaza la experiencia clínica. Una persona puede tener síntomas que parecen una parálisis, pero en realidad puede ser emocional. Eso no lo detecta la IA. Por eso, la consulta médica sigue siendo necesaria. Lo que sí se puede es regular ciertos usos para resolver dudas simples. Para lo demás, sigue haciendo falta el profesional. Para comprender nuestra mente, no basta con conocer la interacción de nuestra cognición con nuestros procesos interpersonales, también debemos conocer la interacción que hay con nuestros sistemas biológicos, por eso es importante el papel de la neurociencia.

La neurociencia estudia al sistema nervioso desde múltiples perspectivas y tiene como uno de sus objetivos entender las bases biológicas de nuestro desempeño emocional en relación con nuestros pensamientos y también a las enfermedades que podrían estar alterando estas interacciones.

Es por eso por lo que esta ciencia se ha vuelto importante para el campo de la salud mental, ya que nos permite visualizar y analizar lo que pasa en nuestro cerebro en vivo, sea que nos enfrentamos a algún recuerdo negativo, amenaza o temor. Por ende, en algún punto la neurociencia podría ayudarnos a identificar si los trastornos mentales pueden ser originados por desequilibrios químicos del cerebro, por genética o por experiencias pasadas específicas.

Si la neurociencia continúan desarrollando modernas tecnologías, que nos permitan en un futuro muy cercano aportar mayor información sobre los efectos del estrés en nuestro organismo, o de los efectos positivos del juego y el deporte para nuestra mente, podríamos estructurar y desarrollar nuevos métodos tangibles para tratar trastornos mentales como la ansiedad, depresión, esquizofrenia, y otros.

En definitiva, la neurociencia es una herramienta clave para la salud mental, porque con sus futuros aportes permitirá que los trastornos mentales se puedan identificar, medir e individualizar, para permitir la aplicación tratamientos eficaces y personalizados, procurando a las personas soluciones reales y así eliminar el estigma que empobrece el conocimiento y afrontamiento de estas condiciones médicas

Si tú o algún familiar cercano tienen sospechas de sufrir algún trastorno, recuerda: la información que te entrego aquí es una guía, pero la orientación especializada de un profesional siempre será insustituible para tu caso particular.

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